Los teléfonos celulares, las computadoras, las tablets y los videojuegos forman parte de nuestra vida. Nos permiten estudiar, trabajar, comunicarnos y acceder a información en segundos. La tecnología, por sí misma, no es el enemigo.
El problema aparece cuando las pantallas comienzan a ocupar el tiempo que antes dedicábamos a movernos, jugar, conversar, descansar, practicar un deporte o relacionarnos cara a cara.
En los niños y adolescentes esta situación merece especial atención, porque están atravesando etapas fundamentales de desarrollo físico, cognitivo, emocional y social. En los adultos, por otro lado, pasar demasiadas horas sentados también puede contribuir a un estilo de vida cada vez más sedentario.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente: “¿Cuántas horas pasamos frente a una pantalla?”, sino también:
¿Qué actividades importantes estamos dejando de hacer durante esas horas?
Una generación que pasa cada vez más tiempo sentada
Después de estudiar o realizar sus obligaciones, muchos niños pasan parte de su tiempo libre viendo videos, jugando videojuegos, utilizando redes sociales o navegando por internet.
Algo similar ocurre con los adultos. Podemos pasar varias horas trabajando frente a una computadora y posteriormente continuar sentados mirando televisión o utilizando el teléfono.
Cuando este comportamiento desplaza la actividad física, el juego activo y el deporte, aumenta el tiempo sedentario. La Organización Mundial de la Salud recomienda que niños y adolescentes limiten el tiempo sedentario, particularmente el tiempo recreativo frente a pantallas.
Por eso es importante encontrar un equilibrio entre tecnología, movimiento, descanso, estudio, familia y actividad física.
¿Qué problemas puede ocasionar el uso excesivo de pantallas?
No todos los niños ni todas las personas reaccionan de la misma manera y tampoco todo uso de tecnología tiene efectos negativos. Sin embargo, cuando existe un uso excesivo o inadecuado pueden aparecer diferentes problemas.
1. Menos movimiento y menor condición física
Cada hora que un niño pasa sentado frente a una pantalla puede convertirse en una hora menos de correr, saltar, jugar, practicar un deporte o explorar físicamente su entorno.
En niños y adolescentes, mayores niveles de comportamiento sedentario se han asociado con peor condición física y mayor adiposidad, entre otros resultados adversos.
El cuerpo necesita movimiento para desarrollarse.
Correr, saltar, desplazarse, girar, mantener el equilibrio, reaccionar y coordinar brazos y piernas son experiencias fundamentales durante el crecimiento.
2. Menores oportunidades para desarrollar habilidades motrices
Las habilidades motrices no se desarrollan mirando una pantalla: necesitan práctica.
Un niño aprende a controlar mejor su cuerpo cuando juega y realiza actividades que implican coordinación, equilibrio, velocidad, orientación espacial y control corporal.
Si gran parte de su tiempo libre es sedentario, existen menos oportunidades para practicar estas capacidades.
Actividades deportivas estructuradas pueden convertirse, por tanto, en un complemento muy valioso durante el crecimiento.

3. Problemas relacionados con el sueño
Uno de los aspectos mejor documentados es la relación entre el uso de dispositivos digitales —especialmente cerca de la hora de dormir— y alteraciones del sueño.
La Academia Americana de Pediatría señala que existe evidencia sólida de que los medios digitales pueden afectar la duración, el inicio y la calidad del sueño en niños y adolescentes. Entre los mecanismos posibles están la exposición a la luz de las pantallas, contenidos estimulantes y la presencia constante de dispositivos en el dormitorio.
Dormir adecuadamente es fundamental para recuperarse, aprender, concentrarse y afrontar las actividades del día siguiente.

4. Distracciones durante el estudio
Tener el teléfono constantemente al lado mientras se realizan tareas puede generar interrupciones.
Mensajes, notificaciones, videos y redes sociales compiten continuamente por nuestra atención.
La Academia Americana de Pediatría ya ha señalado que utilizar medios de entretenimiento mientras se realizan actividades académicas puede perjudicar el aprendizaje.
Por eso también es importante enseñar a los niños y jóvenes que existen momentos para conectarse y momentos para concentrarse.
5. Menos interacción presencial
Los niños necesitan convivir con otras personas.
Necesitan aprender a esperar su turno, seguir instrucciones, trabajar con compañeros, resolver pequeñas dificultades, comunicarse, respetar reglas y desenvolverse dentro de un grupo.
La tecnología puede facilitar la comunicación, pero no debería sustituir completamente las experiencias sociales presenciales.
Una actividad deportiva ofrece precisamente un espacio donde el niño tiene que interactuar con compañeros, profesores y entrenadores en situaciones reales.
6. El problema no afecta solamente a los niños
Los adultos también podemos caer fácilmente en una rutina sedentaria:
trabajo → computadora → celular → televisión → dormir.
Con el paso del tiempo, el cuerpo recibe cada vez menos estímulos físicos.
La actividad física regular, por el contrario, aporta beneficios cardiovasculares, metabólicos, cognitivos, de sueño y de salud mental. La Organización Mundial de la Salud recomienda que todos los adultos realicen actividad física regularmente.
La solución no es eliminar la tecnología
Prohibir completamente teléfonos, computadoras o videojuegos no es necesariamente la respuesta.
Vivimos en un mundo digital y nuestros hijos necesitan aprender a utilizar la tecnología correctamente.
El verdadero objetivo debería ser enseñar equilibrio y hábitos saludables.
Debe existir tiempo para estudiar y utilizar herramientas digitales, pero también tiempo para dormir, conversar, jugar, salir de casa y practicar actividad física.
Podemos enseñar una regla sencilla:
La tecnología debe ser una herramienta de nuestra vida, no aquello alrededor de lo cual gira toda nuestra vida.
El movimiento es una necesidad, no solamente un pasatiempo
La actividad física debería formar parte de la rutina de niños, jóvenes y adultos.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños y adolescentes de 5 a 17 años realicen un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, incorporando además actividades vigorosas y de fortalecimiento muscular y óseo regularmente.
Para los adultos, la recomendación general es realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de actividades de fortalecimiento muscular.

Y existe un mensaje especialmente importante:
Hacer algo de actividad física siempre es mejor que no hacer ninguna.
¿Por qué el Karate-Do puede ser una excelente alternativa?
Existen muchas actividades físicas beneficiosas: correr, nadar, bailar, practicar fútbol, ciclismo, gimnasia y muchas otras.
El Karate-Do tiene una característica especial: combina actividad física, aprendizaje técnico, coordinación corporal, concentración, disciplina y convivencia dentro de una misma práctica.
El karate desarrolla el cuerpo
Durante una clase encontramos desplazamientos, posiciones, técnicas de brazos y piernas, ejercicios de coordinación, velocidad, equilibrio y trabajo físico adaptado al nivel del practicante.
Con una enseñanza apropiada para cada edad, el karate puede contribuir al desarrollo de capacidades como:
- coordinación;
- equilibrio;
- agilidad;
- movilidad;
- fuerza;
- resistencia;
- velocidad;
- orientación espacial;
- control corporal.
Para un niño significa descubrir progresivamente todo lo que su cuerpo puede hacer.
Para un joven representa una actividad física que plantea desafíos constantes.
Y para un adulto puede convertirse en una excelente forma de mantenerse activo mientras aprende algo nuevo.
Karate y concentración
En karate no basta simplemente con moverse.
El alumno debe observar, escuchar, recordar y ejecutar.
Tiene que aprender una técnica, comprender una indicación y posteriormente intentar reproducirla utilizando correctamente diferentes partes de su cuerpo.
Una secuencia o kata, por ejemplo, requiere recordar movimientos, direcciones, posiciones, técnicas y ritmo.
Por eso el entrenamiento obliga al practicante a estar presente y prestar atención a lo que está haciendo.
Aprender disciplina en un mundo de recompensas inmediatas
En internet prácticamente todo sucede rápidamente.
Un video aparece inmediatamente. Una aplicación responde inmediatamente. Con un movimiento del dedo encontramos otro contenido.
El karate funciona de una manera diferente.
Una técnica necesita repetirse.
Una posición necesita corregirse.
Un kata necesita practicarse.
Un cinturón necesita ganarse mediante entrenamiento y aprendizaje.
El alumno comprende poco a poco una enseñanza muy importante:
No todo lo valioso se consigue inmediatamente.
Existen objetivos que requieren tiempo, paciencia, perseverancia y esfuerzo.
El valor de equivocarse y volver a intentarlo
Durante el entrenamiento habrá técnicas que inicialmente no salgan correctamente.
Eso forma parte del aprendizaje.
El alumno intenta, se equivoca, escucha una corrección y vuelve a intentarlo.
Con el tiempo descubre que algo que parecía difícil comienza a mejorar.
Esta experiencia puede ayudar a construir perseverancia y confianza basada en el progreso real.
Del mundo virtual al mundo real
En el dojo hay compañeros reales, profesores reales y desafíos reales.
Hay que saludar.
Hay que escuchar.
Hay que respetar turnos.
Hay que controlar el cuerpo.
Hay que compartir el espacio.
Hay que aprender a ganar y también a afrontar errores o dificultades.
Estas experiencias no sustituyen la educación de la familia ni de la escuela, pero pueden complementarla de una manera muy valiosa.
Una reflexión para los padres
Quizás una de las preguntas más importantes que podemos hacernos actualmente es:
¿Cómo queremos que nuestros hijos recuerden su infancia?
¿Principalmente frente a una pantalla?
¿O también corriendo, jugando, aprendiendo, haciendo amigos, enfrentando desafíos y descubriendo de lo que son capaces?
No necesitamos declarar una guerra contra la tecnología.
Necesitamos recuperar el equilibrio.
Un teléfono puede esperar.
Un videojuego puede esperar.
Una red social puede esperar.
Pero la infancia, el crecimiento y las oportunidades de desarrollar buenos hábitos no duran para siempre.
Karate para todas las edades
La necesidad de movimiento tampoco termina cuando dejamos de ser niños.
Jóvenes, adultos y adultos mayores pueden beneficiarse de mantener una vida físicamente activa, siempre respetando sus capacidades, condición física y posibles indicaciones médicas.
Nunca se trata de compararnos con los demás.
Se trata de avanzar desde nuestro propio punto de partida.
En Dojo Castañeda Karate Do creemos que el Karate-Do puede ser mucho más que aprender golpes, defensas o patadas.
Es una oportunidad para moverse, aprender, concentrarse, compartir y superar progresivamente nuestros propios límites.
🥋 Formamos campeones dentro y fuera del tatami.
Dojo Castañeda Karate Do — Una forma de vida.


